Debate sin salud
Una fuga en un gasoducto de transporte de gas natural en Cusco desencadenó la crisis energética más grave del Perú en dos décadas. El hecho confirma que cuando una tubería crítica se rompe, todo el sistema colapsa. Algo parecido ocurre hoy en el sector salud, solo que en este caso las “rupturas de tuberías” ocurren a diario y quienes pagan las consecuencias somos los ciudadanos.
El deterioro de los servicios de salud públicos y de Essalud es cada vez más trágico. Miles de pacientes no reciben atención ni medicamentos, lo que golpea sobre todo a los más vulnerables. Lo digo también desde la experiencia personal: un familiar mío lleva desde diciembre esperando sus medicamentos en Essalud. La respuesta siempre es la misma: no están comprando y hay que llamar todos los días para saber si ya llegaron. Una persona que pasó toda su vida aportando a la seguridad social, nunca la utilizó y que hoy –cuando finalmente la necesita– descubre que el sistema no le responde.
En ese contexto, resulta sorprendente que la salud no haya sido incluida como tema prioritario en el debate electoral organizado por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). En un país cuyo sistema de salud no responde a las necesidades de sus ciudadanos, la omisión de este asunto, literalmente vital, resulta incomprensible.Frente a este vacío en el debate político, la semana pasada el Colegio Médico del Perú, en alianza con la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y la Universidad Peruana Cayetano Heredia, organizó un encuentro para que los candidatos presidenciales expusieran sus propuestas en salud. Asistieron solo 13 de los 36 postulantes. Ninguno de los que lideran las encuestas. Faltaron Rafael López Aliaga, Keiko Fujimori, Carlos Álvarez, Alfonso López Chau y César Acuña. Este último, además, lidera el partido que ha manejado la Comisión de Salud del Congreso durante buena parte de los últimos diez años, y su injerencia en Essalud es cada vez más pública.
En este escenario, hay una paradoja evidente: mientras el sistema se deteriora, el presupuesto del sector se ha duplicado. Entre el 2017 y el 2026, el de Essalud pasó de S/10.600 millones a S/19.000 millones, y el del sector salud de S/17.600 millones a S/35.000 millones. Buena parte de ese aumento se ha destinado al crecimiento de planillas, sin incorporar indicadores claros de desempeño ni mejoras sustantivas en la gestión.
Al mismo tiempo, decisiones institucionales han debilitado capacidades que el sistema ya había construido. Un ejemplo es el retroceso en las compras corporativas nacionales de medicamentos. Hoy, más de 230 unidades ejecutoras compran de manera fragmentada, con criterios distintos, mayor improvisación y menor transparencia. El resultado es predecible: productos farmacéuticos más caros y menos disponibilidad.
Otro caso es la eliminación, durante el gobierno de Pedro Castillo, de las unidades básicas de atención primaria (UBAP) de Essalud en Lima Metropolitana, que atendían a cerca de un millón de asegurados. Su desaparición los dejó sin una puerta de entrada efectiva al sistema. Y en Loreto, la pérdida de la capacidad de inmunización ha contribuido al resurgimiento de enfermedades prevenibles, como la tos ferina, con el consecuente fallecimiento de al menos 53 niños.
Los ejemplos anteriores reflejan que la salud pública sigue siendo tratada como una parcela de cuotas políticas, improvisación, incompetencia administrativa y corrupción.Frente a esta realidad, los ciudadanos necesitamos algo más que promesas generales. Planteo algunas preguntas que los candidatos presidenciales deberían responder: ¿Cómo fortalecerán la atención en el primer nivel para evitar que los hospitales sigan colapsando? ¿Qué medidas concretas implementarán para reducir los diagnósticos tardíos y priorizar la prevención? ¿Cómo garantizarán la disponibilidad oportuna de los medicamentos necesarios? ¿Qué cambios implementarán para profesionalizar la gestión de los hospitales y redes? ¿Cómo lograrán que el aumento en el presupuesto de salud se traduzca en mejores resultados para los pacientes? ¿Serán lo suficientemente valientes como para actuar con transparencia y rendir cuentas a la ciudadanía? En otras palabras, ¿cómo pondrán finalmente a la persona en el centro del sistema?
Porque hoy ocurre exactamente lo contrario: los ciudadanos somos la última rueda de un coche destartalado pero, paradójicamente, cada vez más costoso. Y mientras el debate político mira hacia otro lado, el sistema de salud continúa perdiendo presión en todas sus tuberías.
Columna realizada por: Janice Seinfeld, presidenta de Videnza, en el diario El Comercio.





info@videnza.org
RUC de Videnza Consultores SAC: 20555936801
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!