Cien días para marcar la diferencia

En el reciente CADE Salud 2026, el mensaje fue claro e incómodo: el sistema de salud peruano no necesita más diagnósticos, sino decisiones. Y, sobre todo, necesita que esas decisiones se tomen pronto.

El próximo gobierno llegará con una ventaja que sus antecesores no tuvieron: ya no podrá alegar desconocimiento. En salud, el diagnóstico ya está hecho. Persistir en lo mismo será una opción. Tenemos un sistema en crisis que ha normalizado su precariedad. Ocho ministros de Salud y 10 presidentes de Essalud en apenas cinco años son evidencia de una gobernanza absolutamente precaria. Cuando los cargos se asignan por cuotas y no por mérito, el impacto se traduce en diagnósticos de enfermedades que no llegan, en tratamientos que se interrumpen y en pacientes que enfrentan complicaciones evitables.

En ese contexto, en CADE Salud 2026 se planteó una idea central: en sus primeros 100 días, el próximo gobierno debe priorizar un paquete acotado de reformas urgentes, viables y medibles. No se trata de prometer transformaciones estructurales de largo plazo, sino de empezar a corregir lo que ya sabemos que no funciona.

Por eso, el margen de acción es corto y el tiempo es ahora. La discusión debe empezar por donde el sistema se rompe todos los días: en el primer nivel de atención. Es el espacio al que acuden millones de peruanos y del que muchos salen sin una respuesta efectiva.

Hoy, ese nivel está enfocado especialmente en patologías agudas y materno-infantiles, pero la carga de enfermedad ha cambiado. Las enfermedades crónicas representan el 70% de dicha carga. Por eso tenemos que incorporar una cartera de servicios que incluya diagnósticos y tratamientos alineados con esa demanda. Cuando el primer nivel de atención no resuelve, el sistema entero se sobrecarga: los hospitales se saturan, los diagnósticos llegan tarde, el gasto es mayor e ineficiente, y los resultados de salud son peores.

Pero incluso cuando el paciente logra ser atendido, el sistema vuelve a fallar porque no hay pruebas disponibles, no hay medicamentos o no hay continuidad de la atención porque no existe una historia clínica electrónica.

A lo anterior se suma un problema aún más serio: el Estado no sabe con precisión a quién no atiende. Con datos de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar, del Seguro Integral de Salud y de información oficial de prevalencia, desde Videnza estimamos que cerca de un millón de personas viven con diabetes en el Perú, pero solo un tercio ha tenido contacto con el sistema público. Gestionar sin conocer la demanda real no es gestionar, sino reaccionar.

En el CADE Salud 2026 expuse las reformas más urgentes (y posibles) que considero que el próximo gobierno debería implementar en sus primeros 100 días. Comparto cuatro.

Primero, definir con precisión qué debe resolver cada establecimiento del primer nivel para hacer frente al 85% de los problemas de salud de su población adscrita. Segundo, en cuanto a la capacidad diagnóstica, hay que adaptar la normativa para que se puedan emplear soluciones que no deban permanecer físicamente en los establecimientos, sino que puedan utilizarse, por ejemplo, ecógrafos portátiles, sistemas de inteligencia artificial para el diagnóstico y redes de telemedicina, que permitirían diagnosticar más rápidamente y mucho más cerca del paciente.

Tercero, cambiar el enfoque frente a las enfermedades crónicas. El modelo actual –centrado en atenciones episódicas– es insuficiente. Se necesitan esquemas de seguimiento continuo, monitoreo remoto e incentivos orientados a pacientes controlados. En este punto, además, el Estado puede apoyarse en el sector privado para ampliar la capacidad y acelerar la innovación, bajo reglas claras.

Cuarto, corregir un problema básico pero crítico: el abastecimiento de medicamentos. Hoy se mide lo que hay en el almacén, no lo que recibe el paciente. Lo relevante es cuántas personas salen con tratamiento completo. Cambiar ese indicador es clave para mejorar los resultados y recuperar la confianza. Y garantizar el abastecimiento de medicamentos en los establecimientos de primer nivel es fundamental.

Nada de esto es nuevo ni inviable. Pero sí es urgente. En salud, seguir esperando significa seguir sacrificando a más peruanos.

Realizado por: Janice Seinfeld, presidenta de Videnza

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