Viejos pero inmaduros
“El envejecimiento poblacional es uno de los pocos desafíos que podemos anticipar. Lo que no sabemos es cómo lograremos actuar antes de que el problema nos alcance”.
Que los peruanos vivamos más, por supuesto, siempre será motivo de celebración, porque suele ser consecuencia de mejores condiciones de vida, avances médicos, reducción de la mortalidad y mayores oportunidades de desarrollo.
El problema es que nuestras instituciones siguen funcionando como si el país fuera el mismo de hace 30 años. Esta transición demográfica hada una pirámide invertida, que ocurre cuando la natalidad es muy baja y la esperanza de vida es alta, tiene consecuencias concretas sobre la economía, la salud, la educadón, las pensiones, la infraestructura y los servidos públicos.
En salud, por ejemplo, el impacto será enorme. Nuestro sistema fue diseñado para atender principalmente temas materno infantiles y enfermedades agudas e infecciosas. Sin embargo, ya el Perú de hoy demanda cada vez más atención para enfermedades crónica como la diabetes, la hipertensión, el cáncer, las demencia y los trastornos de salud mental. También ya enfrentamos dificultades para responder a las necesidades de una población relativamente joven. Basta mirarlas listas de espera, el déficit de especialistas o la frag- mentadón entre los distintos subsistemas de salud.
Sino empezamos a preparamos ahora, las brechas actuales serán mucho más graves dentro de una o dos décadas. A todo lo anterior, se suma que un país más envejecido necesitará más geriatras, más servicios de rehabilitación, más cuidados paliativos, más atención domiciliaria y más apoyo para las familias que asumen el cuidado de adultos mayores dependientes. Necesitará también revisar sus sistemas de protección social: habrá menos trabajadores activos porcada persona jubilada, aumentará la presión sobre los sistemas de pensiones y sobre los programas de asistencia social, y las ciudades y el transporte público deberán adaptarse para ser más accesibles.
Incluso las políticas de vivienda tendrán que incorporar una realidad que hasta ahora apenas discutimos: millones de peruanos llegarán a la vejez viviendo solos o requiriendo algún tipo de cuidado permanente. Lo más preocupante es que ninguna de estas transformaciones puede resolverse en un período de gobierno. Preparar al país para una sociedad más envejecida exige políticas de Estado que se sostengan durante 10,15 o 20años. Exige planificación, acuerdos y continuidad. Exactamente aquello de lo que más carecemos. El envejecimiento poblacional es uno de los pocos desafíos que podemos anticipar. Sabemos que viene, cuáles serán sus consecuencias y qué reformas necesitamos discutir. Lo que no sabemos es cómo lograremos actuar antes de que el problema nos alcance, cuando nuestra política sigue atrapada en la pelea permanente.
Cuando el Ejecutivo y el Congreso parecen incapaces de construir consensos incluso sobre los temas más evidentes. Los primeros resultados del censo 2025 deberían ser una llamada de atención para quienes hoy ocupan cargos públicos y para quienes aspiran a ocuparlos mañana. Gobernar no consiste solamente en responder a las urgencias del presente, sino que también implica prepararse para las certezas del futuro. Y pocas certezas son hoy tan evidentes como que el Perú será un país más viejo. Lo desesperante es que, mientras el país envejece, nuestra política sigue comportándose como si nunca fuera a madurar.
Realizado por: Janice Seinfeld, presidenta de Videnza





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